Bendición de la bandera de 1933

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Bandera del Ateneo Musical del Puerto. Año 1933.

Bandera del Ateneo Musical del Puerto. Año
1933. (Archivo: AMP).


Los músicos, bajo el nombre de Ateneo Musical del Puerto, se inscribieron en el Certamen de Valencia. En vísperas de la participación ofrecieron un concierto para que el público pudiera rendir homenaje de admiración. Para tal evento se levantó el amplio tablado sobre el cual la nueva sociedad ofreció un notable concierto. Antonio Bellmont pronunció un elocuente discurso en el que glosó "la personalidad artística de los componentes de la banda y especialmente de su director, cuya batuta mágica tantos y tantos trofeos había originado". En su locución dijo que "una entidad como el Ateneo Musical del Puerto necesitaba una enseña digna de sus músicos y, que por ello, el pueblo se la ofrendaba con la seguridad de que pronto la había de ver cubierta de laureles". Presentó después a la madrina de la bandera, señora de Sorolla, la cual procedió al descubrimiento de la enseña en medio del entusiasmo popular.

La bandera de 1933, verdadera obra de arte, fue entregada a la madrina, quien a su vez la puso en manos del director de la banda, Vicente Tomás. Éste, visiblemente emocionado, dijo que "agradecía en el alma aquella ofrenda y que con todo su entusiasmo, él y sus músicos sabrían hacerse dignos de tan preciado símbolo". Tuvo unas palabras de gratitud para la madrina y terminó pidiendo su ayuda y protección. Le desbordó el entusiasmo y hubo vivas, aplausos y aclamaciones. Hicieron uso de la palabra los señores Máñez y Brau, quienes tuvieron sinceras frases de elogio para la banda. Finalmente habló Sanchis Montón como presidente de la comisión pro-bandera.

Tras la interpretación de varias obras se dio por finalizado el acto pasando al interior del local situado en el café Fusilot para proceder a la inauguración oficial de la nueva casa donde se ofreció una cena a los músicos y familiares. Lo verdaderamente interesante es que la ``señora de Sorolla'' es en realidad doña Clotilde García, esposa del pintor valenciano asidua a los ensayos de la banda durante sus prolongadas estancias en la playa. Lo averiguamos leyendo la edición de Las Provincias de 4 de abril de 1961.

Monumento de la Falla Mercado del Grao de 1933.

Monumento de la Falla Mercado del Grao de 1933.


Nos relata Álex Serrano, en el períodico Levante del 6 de octubre de 2015, que las imágenes de las Fallas de 1933 que acaba de publicar la Associated Press en Estados Unidos, forman parte de un vídeo de poco más de un minuto en el que se habla de una fiesta «de más de 400 años que divierte Valencia». No son tan distintas de las actuales. Sí, son en blanco y negro, aunque cabe imaginar que la fiesta en sí no lo era, pero se puede escuchar «El Fallero», uno de los pasodobles que nunca falla en marzo, hay traca y los monumentos arden la noche del día 19. La diferencia más importante entre las Fallas actuales y las de los años 30 son los monumentos móviles, de los que ya se tenía registro audiovisual y que desaparecieron tras la guerra civil española. La fotografía de falla del mercado del Grao que tomamos en la Hemeroteca de Valencia es testimonio de que en el Marítimo también se celebraban estos festejos en la época de la República.