Ambiente musical en el Marítimo

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La alta burgesía valenciana en el paseo en del Tiro de Pîchón.

La alta burgesía valenciana en el paseo en del Tiro de Pîchón. (Archivo: GMG)


En estos años a mitad del siglo XIX, el Marítimo no disponía de banda de música para amenizar sus fiestas. Por esta razón se contrataban músicas foráneas. Brisas del Cabañal es una publicación de 1862 que relata, entre otras cosas, la contratación de "músicas" para amenizar los bailes en la calle de la Reina. La primera edición se imprimió el 17 de julio al precio de 2 reales. Textualmente dice "...están en ajuste de una banda de música compuesta por cuarenta individuos que se colocarán en el centro de la calle de la Reina los jueves y los domingos, de diez a doce de la noche, tocando diferentes y escogidas piezas".

En ningún momento se cita la procedencia de la banda de música contratada que, con toda seguridad, no era el Patronato. Lo que es cierto es que las actuaciones veraniegas de estas agrupaciones musicales alentarían la creación de una banda de música en el Marítimo.

Para costear estos conciertos se pidió a los propietarios de las alquerías de la calle de la Reina y circundantes una aportación de 20 reales. La mayoría de las alquerías (cincuenta y una) contribuyeron con esta cantidad. Los propietarios de la alquería número cincuenta siete aportaron 100 reales y las alquerías ochenta y siete y ciento trece, 40 reales cada una. Tres alquerías de la calle San Fernando aportaron sus 20 reales y una alquería de esa partida contribuyó con 40 reales. En total se recaudaron 1.300 reales. Se citan las treinta y siete alquerías cuyos dueños o inquilinos no sufragaron los gastos de la contratación de la banda. A finales de julio se dio el primer concierto.

La misma publicación comenta la actuación y las diversas opiniones del público y de los vecinos. En un lenguaje gracioso y desenfadado cuenta una serie de detalles que merece la pena anotar. Por ejemplo, las quejas del propietario de una alquería porque desde su casa no se oía bien la banda, y ¡había pagado!. Otro manifestaba que los músicos no tocaban ninguna cosa nueva. La propietaria de otra alquería manifestaba que los músicos metían mucho ruido y le molestaban. Otro personaje estimaba que se debía interpretar óperas. Hay críticas favorables por la ejecución de las obras interpretadas y quejas por la falta de uniformidad del director, llamado músico mayor, el cual no iba uniformado. La banda de música actuaba según la disponibilidad de luz en la calle porque la publicación dice: "...en la calle de la Reina habrá esta noche música de nueve y media a once y media si el tiempo lo permite y si hay luz metálica".

Pérgola de Caro.

Pérgola de Caro. Situada entre el puerto y el viejo cauce del Turia fue zona de ocio y recreo de veraneantes.


Los bailes traspasaron lo puramente musical y lúdico. Socialmente supuso un enfrentamiento entre la clase acomodada y el pueblo. Las Brisas del Cabañal nos lo relatan con estas palabras. "...la causa del descontento era porque por las noches no se permite distinguir entre los nobles y los plebeyos considerándose los primeros degradados si el andén de su alquería servía para facilitar asiento a la gente del pueblo".

Esta publicación que tenía como subtítulo Periódico de Vacaciones informaba de los acontecimientos más diversos. Gracias a ella conocemos de primera mano los bailes familiares celebrados en las alquerías. Por ejemplo los bailes acompañados al piano, al arpa, o los cantos ofrecidos por la señorita Gosálvez en la alquería de Eugenia Viñes. En estas fiestas se reunía lo más selecto de la sociedad valenciana y madrileña: las familias Viñes, Royo, Moltó, Beltrán de Lis, Cros, Gozálvez, Sinués de Marco, Coronado, Losada, la Condesa de Yumuri, la Marquesa de Perales, etc. Los anfitriones solían invitar a cenar o a degustar exquisitos dulces. La fiesta solía terminar a medianoche.

Las Brisas del Cabañal y los relatos de Antonio Damiá, por ejemplo, nos invitan a conocer las circunstancias ambientales y sociales de los años previos a la fundación del Patronato. Asuntos como la apertura de la calle de la Reina a la altura del puerto, el nuevo mercado ubicado en la misma calle, el alumbrado público o la inauguración de la fuente de la fachada de la iglesia de Santa María del Mar, se amenizaban con música de banda, no faltando nunca la Marcha Real.

Hay más referencias a la contratación de bandas de música en el Distrito Marítimo de Valencia. La encontramos en 1863 con motivo de la inauguración del pabellón flotante La Florida situado en un remanso de playa existente entre el puerto y el cauce viejo del Turia junto a Natzaret. Esta zona se conocía como el barrio de Caro. Desapareció en 1894 por ampliación del puerto.