La epidemia de gripe en el Marítimo

« · El Maestro Pérez (1918) ·

En septiembre se extendía la gripe entre la población causando numerosas defunciones. En octubre continuaba la epidemia cerrando centros escolares, desinfectando trenes y tranvías e instalando postas hospitalarias. Al Patronato se le pidió una participación económica para la Junta de Sanidad de los Poblados Marítimos. Consta en acta que no se pudo atender tal petición, ni tampoco la solicitada por la Juventud de la Unión Republicana. El conserje y, al mismo tiempo, encargado del bar, también mostró su preocupación por la imposibilidad de mantener el precio del "buchet" (especie de carajillo de cazalla) debido al aumento que había sufrido el azúcar. Pero como no era cuestión de incrementar precios y hacer huir a la clientela, se le recomendó que pusiera menos azúcar. El dinero era escaso y era más seguro abrir una libreta de ahorro, a nombre de la sociedad, en el Monte de Piedad.

Las fiestas de Semana Santa fueron más retraídas debido a una orden de la alcaldía.(Archivo: JMSSM).

Las fiestas de Semana Santa fueron más
retraídas debido a una orden de la alcaldía.(Archivo:
JMSSM).


La epidemia de gripe en el Marítimo, arrastrada desde mayo, mermaba la asistencia habitual de socios y músicos. El porcentaje de ausencias llegó a ser tan escandaloso en el mes de octubre que la junta directiva optó por suspender los ensayos durante dos meses así como el sueldo del director. Esta epidemia se alargó hasta el mes de noviembre. Cuentan las crónicas que ocasionó más de un millón de muertos en todo el mundo. El miedo al contagio era grande. Los directivos no asistían a las reuniones de junta. Las faltas continuadas forzaron una nueva reglamentación llamada "obligaciones de los directivos" por la cual el directivo que faltase a tres reuniones de junta causaría baja. A consecuencia de la aplicación de esta normativa y por acumulación de faltas sucesivas fue sustituido el vicepresidente Manuel Romaní.

A pesar de las dificultades reinantes se fijaron los precios de los bailes de carnaval. Para los socios, el abono de cuatro noches costaba 3,50 pesetas. Si se deseaba sólo una entrada se adquiría por 1,25 pesetas. Cada año se revisaban estos precios y sólo los años más conflictivos dejaban de celebrarse. Por lo general, los músicos que tocaban alguna noche solían entrar gratis todas las veladas. Los precios de los bailes de carnaval tenían una reducción para los socios, por esta razón la gente avispada optaba por darse de alta unos días antes. Una vez pasados los carnavales dejaba de pagar las cuotas y se le daba de baja por moroso. Esta situación fue zanjada en 1925 cuando se acordó "no aceptar ingresos de socios en los meses anteriores a carnavales a menos que paguen la cuota por adelantado".

Empezó 1919 con una Junta General en la que el presidente, José María Ros, hizo valer su criterio en relación con uso del salón de baile durante las celebraciones de los populares bailes familiares. En estos casos estaba restringido el acceso al salón a los socios no participantes en dicho acontecimiento. Los señores Carsí y Nicolau protestaron, pero el Sr. Ros les invitó a hacer uso del salón-café, puesto que el alquiler posibilitaba ingresos para la Sociedad. Los bailes familiares eran habituales entre las asociaciones culturales de principios de siglo XX. Se solía informar en la prensa escrita y se realizaban entre las diez de la noche y la una de la madrugada.

Las fiestas de Semana Santa fueron más retraídas debido a la orden de Juan Bort, alcalde de Valencia, que obligó a los funcionarios municipales a trabajar impidiendo la representación municipal a los oficios religiosos. Lógicamente estas disposiciones fueron criticadas por muchas corporaciones y entidades del Marítimo.

Referente al Certamen de Valencia se había acordado no participar, pero se pensó probar suerte en el de Castellón. El maestro Pérez comenzó una preparación intensiva pero, repentinamente, tuvo que ser operado de apendicitis, siéndole imposible su asistencia a los ensayos por lo que pidió ser sustituido.