Melchor Lliri Masiá (1900)

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En 1900, a Ramón Isaac le sucedió Melchor Lliri, con el que el Patronato Musical participó en los actos de la Feria de Julio.

El Festival Musical de 1900

Cartel del Festival Musical de 1900.

Cartel del Festival Musical de 1900. (Archivo: AMP)


Este año, por decisión de la Junta General de Ferias del Ayuntamiento de Valencia, no se convocó el tradicional certamen de julio y en su lugar se celebraron una serie de actos entre los que destacó la fiesta veneciana en el puerto, que congregó gran cantidad de público; una actuación de la Capilla de Manacor, con un repertorio musical de los siglos XVI y XVII y un festival de bandas, al que se llamó Gran Festival Musical, celebrado el 24 de julio y en el que participaron 13 agrupaciones: Aldaya, que interpretó la obertura Fiesta de Suppeé; Alfafar que ejecutó la sinfonía La Mutta, de Portici; Alginet ofreció al público asistente la Gran Marcha de Concierto de Gaspar Espinosa; la Artesana de Catarroja llevó al atril la sinfonía Si yo fuera Rey, de Adam; la Primitiva de Catarroja interpretó el preludio y dúo de la zarzuela Foch en l'era de Salvador Giner; la Proctectora de Catarroja, fantasía y bailables de la ópera Gioconda de Ponchielli. La banda de música de Cullera ofreció en concierto la sinfonía Poeta y Aldeano de Suppeé; Paiporta la obertura Clotilde de Nepers; El Patronato de Pueblo Nuevo del Mar, Fantasía Lohengrin, de Wagner; Ribarroja, Fiesta Campestre, de J. Filippo; Sueca, la fantasía El Milagro de la Virgen, de Chapí; el Patronato de Torrent el preludio Guzmán el Bueno de Bretón y la banda de música de Vinalesa ejecutó la fantasía Los Hugonotes, de Meyerbeer. La banda del Patronato Musical de Pueblo Nuevo del Mar, dirigida por Melchor Lliri, actuó en el orden decimotercero. Durante la segunda parte hubo un macroconcierto con la participación de todas las bandas de música dirigido por Rafael Rodríguez. Interpretaron Caballería Ligera, de Suppée.

La participación en este festival acarreó bastante polémica en el seno de la sociedad a raíz de la subvención de 75 pesetas otorgadas por la organización, pese a participar con el mismo número de músicos que la de Cullera, esta última recibió 250 pesetas. Y como con los dineros no se juega y, más cuando andan escasos, hubo una razonada protesta de los directivos consiguiendo que se reconsiderara el importe del premio. Y lo lograron, porque los organizadores acordaron ``conceder hasta 125 pesetas de subvención debido al menor gasto por no haberse tenido que desplazar de tan lejos, con el consiguiente ahorro en transporte y comidas, máxime cuando la banda del Patronato no ensayó por la mañana la obra conjunta con todas las bandas''.

Unos días más tarde, concretamente el 2 de agosto, hubo un gran revuelo entre las gentes del lugar que acudieron curiosas a las inmediaciones del restaurante de Las Arenas, para poder ver de cerca a los laureados artistas Joaquín Sorolla y Mariano Benlliure que acudían a un acto organizado por el Círculo Marítimo de El Cabañal con motivo de haberse distinguido a ambos artistas con la rotulación de una calle y una plaza, respectivamente, en el centro de Valencia. Coincidía con la reapertura del Teatro de La Marina tras meses de reformas.

Por las páginas de los periódicos, la población también se enteró que comenzaba a regir en España el Meridiano de Greenwich, modificándose el horario para los usos oficiales, puesto que, a partir de entonces, se debían contar las horas desde la una hasta las veinticuatro.

Precisamente de principios de este siglo son muchas de las viviendas unifamiliares que adornan las calles de El Cabañal, con su modernismo ingenuo, popular, naif, plasmado en fachadas chapadas de azulejos de vivos colores. En El Cañamelar, las calles abiertas en la franja conquistada al mar retrajeron estas casas hacia el interior y en los nuevos terrenos nacieron edificios más lujosos con una decoración más sobria y de porte más señorial, muy del gusto de los veraneantes llegados hasta aquí, cada vez en mayor número, dejando su impronta en el sencillo y monótono transcurrir de la vida del barrio.

Antonio Damiá, en su libro Viejo Cabañal, cuenta refiriéndose a este ambiente estival: "Llegaba la Feria de Julio en la capital y los días dels bous reals teníamos en El Cabañal unos maravillosos momentos, de intenso colorido; venían por la calle de la Reina, para recoger als senyorets y llevarlos a la plaza unos lujosos carruajes arrastrados por briosos troncos de caballos de las más diversas razas, ricamente adornados y sonando a plata los innumerables campanillos y cascabeles. Alcanzaba el espectáculo el máximo señorío cuando, llegado el momento, las hermosas veraneantes, luciendo policromos mantones de Manila vertían la blanca espuma de los flecos por fuera del coche".

Ciertamente no todo era progreso porque, cuando aún el siglo empezaba a despuntar, se registraron unas huelgas muy importantes entre los trabajadores del puerto, concretamente entre los federados y los libres o esquiroles. Tan feas se pusieron las cosas que la Guardia Civil intervino para proteger a los que decidieron trabajar.

Estos disturbios afectaron muy negativamente a las familias marineras, cuyos componentes eran precisamente los que nutrían las collas de estibadores.

Una anécdota

María Barrientos (Barcelona, 1883 - Ciboure 1946). Cantante de ópera española, una soprano de coloratura ligera, una de las más destacadas de su época.

María Barrientos (Barcelona, 1883 – Ciboure 1946). Cantante de ópera española, una soprano de coloratura ligera, una de las más destacadas de su época. (Fuente foto y texto, Wikipedia).


La música conquistaba cada vez más adeptos acudiendo en masa a los conciertos del Gran Café España. Aquellos hombres que apostaron por la banda de música empezaron a saborear los primeros laureles. Hombres como el Tío Nina llamado también El Nàutic por dedicarse al honroso y benefactor trabajo de salvamento siendo víctima de su oficio, ahogándose junto con siete hombres más cuando intentaban rescatar una barca. O el Tío Sidro, el Tío Serra o el Tío Fornás, llamado Ramón, de cuyo hijo Carlos se cuenta esta famosa anécdota.

A los catorce años quería ser tenor de ópera, pero llegó a convertirse en uno de los mejores flautas de Valencia. En cierta ocasión llegó a la temporada de ópera la famosa tiple María Barrientos, estando considerada una de las mejores voces de su tiempo. Esta diva era exigente hasta la saciedad con todo el personal a su disposición y, de una manera muy especial, con los componentes de la orquesta. Aquel año le dio por no encontrar apto al flauta de la misma. Por esta razón pasaron por el Teatro Principal casi todos los flautas de Valencia y siempre con el mismo resultado. Un día se presentó Carlos Fornás y La Barrientos, viendo la edad del muchacho se extrañó y le preguntó cómo la iba a acompañar. La contestación fue: "vosté cante que jo la seguiré". Desde entonces participó en todas las óperas que cantó esta estupenda diva. En cambio no aceptó las ventajosísimas condiciones que le ofrecieron para que marchase con ella en gira por Europa.