La compra de El Musical

« · Vicente Tomás Ridaura (1919-1933) · »

Patio  y casas  donde se construiría El Musical. La fotografía corresponde a 1926.

Patio y casas donde se construiría El Musical. La fotografía corresponde a 1926. (Archivo: AMP)


A medida que el local social ganaba en confort, éste se erigía como elemento indispensable para lograr una mejor convivencia entre los miembros de la sociedad, por ello es fácil imaginar la alegría del nuevo presidente Roque Company Cano cuando el 14 de enero de 1923, Peregrina Querol Campos, propietaria del local, le anunció que lo ponía en venta por 55.000 pesetas.

Para agilizar la compra de El Musical, se formó una comisión compuesta por los señores: Rodríguez, Alabau, Soler, Bosch, Estors, Sanmartín y Querol.

Era como un sueño. Tras muchos años de alquiler, se tenía la oportunidad de adquirir el local. Rápidamente se convocó una asamblea en la que el señor Company defendió la compra del inmueble. ``El local -manifestó- significa mucho para la Sociedad y en él hemos invertido mucho dinero en mejoras.''

La aceptación de la propuesta fue unánime. Meses más tarde, el 31 de marzo, se leyó el contrato de compraventa de la finca. En su favor se alzaron voces entusiastas como la del anterior presidente señor Ros, la del mismo director Vicente Tomás Ridaura, o la de Alcaraz, por citar los primeros en manifestarse.

Contrato de compraventa de El Musical:

La Señora Peregrina Querol y Campos se obliga a vender a esta Sociedad Patronato Musical el edificio que ocupa la misma y casas anexas por el precio de cincuenta y cinco mil pesetas, las que abonará la respectiva Sociedad a saber cinco mil pesetas el día treinta de Septiembre próximo venidero y las restantes cincuenta mil pesetas dentro del plazo de cinco años a contar desde esta fecha en una o varias entregas según convenga o pueda, pero obligándose a entregar todos los años en primero de Abril como mínimo cinco mil pesetas a cuenta de dicho capital.
Que la Sociedad entregaría en el acto de la escritura de venta mil doscientas cincuenta pesetas en concepto de intereses de un semestre y se obliga a pagar, además, a la misma señora a contar desde la expresada fecha treinta de Septiembre hasta completar el pago de las cincuenta y cinco mil pesetas y el interés del cinco por ciento anual de la cantidad que falte abonar al vencimiento de los sucesivos trimestres de adelantado en cada uno de ellos.
Que a cambio de los intereses que se abone a doña Peregrina Querol, esta Sociedad tendrá en administración la finca de que se trata haciendo suyas las rentas que produzca, si bien, con la obligación de pagar de su cuenta las contribuciones de la finca y los impuestos que pesen sobre ella y a conservarla como un diligente propietario pudiendo dicha Sociedad hacer en ellas las reparaciones que crea conveniente para su conservación y todas cuantas obras quiera siendo de su cuenta el coste de las mismas.
Que si la Sociedad expresada dejase de pagar las cinco mil pesetas del primer plazo o los intereses que ha de abonar dentro de los treinta días siguientes en que deba verificarlo, si no abonase puntualmente las contribuciones e impuestos de la finca descrita o si no la conservare como un diligente propietario se dará por rescindido este contrato sin que dicha sociedad tenga derecho a reclamación alguna para el reembolso de las cantidades que hubiese empleado en reparaciones, teniendo solamente derecho a percibir de la propietaria la mitad de las cantidades entregadas del precio total, siempre que deje el inmueble a disposición de ésta y en el mismo estado de conservación que hoy se encuentra. Los pagos del capital, como de los intereses, los verificaría la Sociedad en esta ciudad y en el domicilio de doña Peregrina Querol en moneda corriente de oro o plata o en billetes del Banco de España. Que cualquier cuestión o reclamación que se suscitare con motivo del presente contrato será resuelta por los tribunales de esta Capital a cuyo fuero se sometería la Sra. Querol y los representantes de la Sociedad.
Y por último, que doña Peregrina Querol y Campos se obligaría, si preciso fuere, a otorgar poderes para la administración de la finca descrita a la persona que designe esta Sociedad.
Firman el contrato el presidente Roque Company Cano y el secretario Vicente Ferrer Rasteu
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José Puig.

José Puig. (Archivo:AMP)


Los dirigentes, ante un presupuesto de 10.000 pesetas de ingresos anuales y 12.000 pesetas de gastos, apostaron por la compra. En un principio pensaron en la aportación extraordinaria de los socios prometiendo un interés del 6,30% anual, acuerdo al que se llegó el 18 de febrero de 1923. La idea cuajó a pesar de la oposición del tesorero y, según consta en el acta del 18 de febrero de 1923, comenzaron a emitirse 1.000 acciones de 50 pesetas. Los resultados no fueron los esperados. Los socios no compraban las acciones. Se pidió la participación económica de la banda para obtener más dinero, inclusive la partición de ésta en dos o más formaciones, pero tampoco esta medida resultó satisfactoria. Ante esta situación, el 27 de octubre de 1923, se optó por aumentar el precio del café, del cava, de la sidra, del juego y del baile.

Pasaban los meses y la compra de la casa y corrales colindantes no satisfacía las expectativas creadas ni las necesidades reales de los socios. Se intentó vender la propiedad adquirida para comprar el, hoy desaparecido, teatro de La Marina, sito en la calle de la Reina, solución que tampoco pudo realizarse por falta de dinero.

El 6 de febrero se empezó a preparar un complemento al reglamento para posibilitar la incorporación de los músicos al Montepío. En este reglamento constaba la aportación económica de cada componente. El 17 de agosto se expuso el borrador del Reglamento y se revisó parte del articulado, añadiendo la prohibición de hablar de política en la Sociedad. Estaba presente el fantasma de la guerra de África, se vivía bajo la dictadura de Primo de Rivera y se suspendían los derechos constitucionales.