Proyecto de construcción de El Musical

« · Vicente Tomás Ridaura (1919-1933) · »

Fachada original de El Musical (actualmente teatro el Musical). (Archivo: HV.)

Fachada original de El Musical (actualmente teatro el Musical).
(Archivo: HV.)


Terminó el año con una asamblea en la que se pidió un aumento de la cuota para hacer frente a las 15.000 pesetas de deuda por la compra del local de El Musical y se ratificó la propuesta de los nombramientos como Presidente de Honor de Fernando Ibáñez y Juan José Dominé. Por razones que desconocemos no consta la ratificación del señor Avilés Arnau.

En lo concerniente al local, el dilema tantas veces comentado de construir o vender, se resolvió a favor de demoler el viejo edificio atendiendo a los ingresos de los 650 asociados que regularmente abonan su cuota de 1,50 pesetas mensuales y de los contratos de la banda de música.

Con estas premisas se optó, pues, por construir un local de nueva planta. Tras varias reuniones técnicas se consideró conveniente ampliar la propiedad con la compra de un solar colindante. En febrero de 1928 se compró dicho solar conocido con el nombre de "La Palmera" por 1.000 pesetas. El jueves 7 de junio se presentaba al arquitecto Víctor Gosálvez Gómez quien expuso los planos de un ambicioso proyecto que entusiasmó a todos los asistentes. El proyecto incluía la compra de una casa colindante, propiedad de la viuda de Vilaplana, adquirida por 7.500 pesetas.

Al tiempo que se aprobaba el proyecto se autorizaba al presidente Eduardo Albors a pedir un préstamo de 100.000 pesetas a Antonio Amorós Manglano, a devolver en cinco años, al 6,5% de interés pagaderos por semestres y con garantía hipotecaria del terreno y del edificio a construir.

El proyecto ganaba adeptos. Antiguos presidentes como Company se comprometían a aportar una cuota anual extra. A esta iniciativa se sumaron los socios Vila y Pechuán.

Y mientras se concretaban las medidas para la construcción del nuevo Musical se celebraron los carnavales y las fiestas de Semana Santa con la solemnidad tradicional aunque éstas últimas revistieron mucho más brillo que en años anteriores gracias al empeño del Patronato, "que es quien ha llevado a la práctica la unión de las cofradías y hermandades de las tres parroquias", insiste la prensa escrita. (Semana Gràfica, abril de 1928).

Las relaciones entre el Patronato Musical y el Comité Central de Fiestas (Junta Mayor de la Semana Santa Marinera) podemos asegurar que eran excelentes. Más propio sería decir que eran los mismos, o, casi los mismos. El propio Eduardo Albors era presidente de ambas sociedades a las que dedicaba tiempo y dinero. Su pasión por la fiesta semanasatera le hizo adquirir el trono-anda de la Oración del Huerto, obra del artista Noguera.

Este texto extraído de la historia de la Cofradía de Jesús en la Columna, confirma, una vez más, lo dicho: ``A las seis, salida de la procesión del Santo Entierro de la Iglesia, formando por el orden siguiente: soldados romanos con el grupo escultórico de la Oración del Huerto; Hermandad de Jesús en la Columna, con su grupo escultórico correpondiente; Hermandad del Ecce Homo con su imagen; Corporación de Sayones con la imagen de Jesús Nazareno; Hermandad del Perdón con su imagen, siendo ésta custodiada por la nueva guardia bizantina; Cofradía de las Vestas con la imagen del Cristo del Salvador; hermandad del Santo Silencio, con la Santa Cruz y el Santo Sepulcro y corporación de Granaderos de la Virgen con la imagen de la Soledad, recorriendo la carrera siguiente: plaza de la Iglesia, calle de Los Ángeles, Mercado, Escalante, Amparo Guillem, J. Benlliure, Travesía Campos, Sol, Travesía de la Marina a la Plaza de Los Ángeles, desfilando las corporaciones a sus respectivos domicilios. El citado programa no pudo llegar a cumplirse, pues la pertinaz lluvia obligó a suspender los actos matutinos. El Comité Central, reunido al efecto en el Patronato Musical, acordó suspender el desfile general y celebrarlo el domingo a las once, tras el solemne Comulgar de Impedidos, lo cual se verificó. Así, podemos comprobar como el Comité Central pretendía celebrar un desfile el Viernes Santo, el cual desconocemos si se hubiera realizado a paso procesional o en ordinario, pues no hay que olvidar que en la época no se utilizaba el término procesionar, de acuñación más moderna, usándose reiteradamente el vocablo desfilar tanto para referirse a actos que se sabe que se celebraban a paso ligero como a aquellos certificados como puramente procesionales. No creemos que pueda hoy sustraerse, con las informaciones que poseemos, el sentido o finalidad que perseguía este acto, pues no pensamos que la intención fuera instrumentar un acto permanente a celebrar acumulado a los Santos Pasos y a la procesión del Santo Entierro, pero lo que sí es cierto es que la aparición de la lluvia fue por una vez afortunada, pues el aplazamiento permitió el nacimiento de un nuevo acto, el Desfile de Resurrección, que no estaba programado pero que sin duda debió entusiasmar en su resultado, pues desde entonces se convirtió, no sólo en habitual sino también en imprescindible y en una de las señas identificativas de la Semana Santa Marinera de Valencia''.

Iluminación en las fiestas de la Cruz en el Grao.

Iluminación en las fiestas de la Cruz en el Grao.


Tras la Semana Santa, vendrían los Festejos de Mayo organizados por el Ayuntamiento de Valencia con una nutrida participación de gentes del Marítimo y la fiesta a la Patrona de la Marina celebradas en Santa María de El Grao con la asistencia de autoridades civiles y militares, a la que se sumó la Real Sociedad de Tiro de Pichón con diferentes actos sociales.

De los Festejos de Mayo de 1928 es interesante indicar que la banda del Patronato Musical no optó a premio en la Fiesta del Pasodoble, galardón que obtuvo la banda de Llombai. El rotativo valenciano no cita las razones, simplemente dice: "En cuarto lugar el Patronato Musical de Pueblo Nuevo del Mar interpretará Lo Cant del Valencià de P. Sosa. (Esta banda no opta a premio)". Las restantes bandas participantes sí compitieron por el premio. En Primera Sección se presentaron en el coso taurino, el Centro Musical de Picassent, la Unión Musical de Valencia y la Primitiva de Manises. La Segunda Sección congregó a la Artística de Valencia, la Antigua Sociedad Musical de Faura, el Centro Musical de Alaquàs y la banda de Llombai. La audición empezó a las 5 de la tarde. La obra obligada para esta sección fue La Corrida de Beneficencia, de Chapí.